"Harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestra tumbas" (Bava y Argento, 1985). Y es cierto, vivimos tiempos oscuros, y desde el 2020 podríamos decir que hemos vuelto a la edad media, lo cual es fortuna y no, como suele pensarse, una desgracia. Vivimos en una edad media real y mitológica, donde las pestes, las guerras, la incertidumbre, el fin del mundo y el carácter demoniaco de la realidad están mucho más presentes. Los demonios existen, y la victoria final de Dios sobre el Dragón se acerca. Esta bitácora explora, entre otros asuntos afines, la lucha contra el Dragón tal y como se ha representado en el cine y en las artes populares.

viernes, 9 de octubre de 2026

Todos vivimos en Salem's Lot (III): testimonio personal

 



La densa oscuridad representada mediante ese "discurso de la sombra" que utiliza Gary Dauberman se inspira claramente en los tiempos del COVID, pues esta película es coetánea de aquellos momentos y espejo de la consecuente alma colectiva en todo el planeta. Pero lo que interesa ahora es fijarse, ya que hemos tomado a Salem's Lot como representación del mundo, en el mundo rural, en la vida de los pueblos pequeños, esa vida que a veces idealizamos o dulcificamos por sus motivos bucólicos, o de refugio frente a la vida en las grandes ciudades. Y esta entrada,  por primera vez desde que existe esta bitácora, va a tener un caliz muy personal, a manera de testimonio personal de quien esto escribe, alguien que, como el protagonista de la película, pasó su infancia en un pequeño pueblo provinciano de la comunidad valenciana. Antes de empezar mi exposición, téngase en cuenta una cosa: el carácter demoniaco de la realidad en la que vivimos pocas veces ha tenido una expresión tan lúcida como en la obra de Stephen King, y en esta cruda y intensamente tenebrosa película de Gary Dauberman.

El pueblo donde pasé buena parte de mi infancia era idílico, verde, rodeado de montañas y campos de naranjos. Crecí durante la década de los ochenta del siglo XX, una época muy espléndida para los niños: estabilidad, crecimiento en economía y en comodidades, en acceso a la cultura y a la educación, una época de gran riqueza creativa en el mundo del cine y la televisión, una época donde el rock estaba de moda y la música pop en general era de gran calidad. Los niños no solo se divertían jugando en la calle hasta la hora de la cena, tenían unos referentes musicales, televisivos, cinematográficos, que acompañaban los juegos y las peleas típicas de la edad. Lo teníamos todo, y sin embargo en esta entrada voy a hablar del reverso oscuro de toda aquella realidad. Porque el pueblo de mi infancia, como supongo todos los pueblos, era y es un lugar oscuro y demoniaco. Para tratar de hacer entender esto que quiero exponer, tomaré como referente la experiencia de un familiar muy cercano, con quién pasé gran parte de aquel tiempo dorado, una de esas personas con las que estás muy unido durante la infancia, pero luego a partir de la adolescencia los caminos divergen, y ambos terminamos viviendo en la ciudad chica, ya lejos de la vida en el pueblo. El caso es que recientemente coincidí con ella en un velatorio. El velatorio tuvo lugar en el pueblo. Yo, en cierto modo, disfrutaba volviendo a ver aquellos rostros del pasado, rostros ahora envejecidos, pero que aún podía recordar. Me gusta recordar, trato de vivir agradecido por todo lo que me ha pasado en la vida, ya sea más bueno o no tan bueno. Sin embargo, esta persona, a la que en adelante me referiré como D, hizo un comentario muy explícito: "Yo ya no me acuerdo de nadie en este pueblo", como queriendo decir que ya no reconocía ninguna de las personas que acudían al velatorio. Y, sin embargo, D vivió allí durante muchos años más que yo, y tenía amistades más arraigadas, puesto que desde que yo me trasladé a vivir a la ciudad chica, pronto perdí el contacto con las amistades del pueblo. Pero hay un antecedente a esta anécdota; aproximadamente un año antes del velatorio, coincidí con D en las calles de la ciudad chica. Y D me comentó que se había comprado una casita en los campos circundantes al pueblo de nuestra infancia. Yo me alegré de escuchar aquella noticia, y le expresé que a mí también me gustaría volver al pueblo, y terminar mis días en la tierra de nuestros abuelos, allí donde crecí. Yo esperaba algo de complicidad en D, que de alguna forma el sentimiento fuera mutuo. Pero su rostro empezó a ensombrecerse ligeramente, y me miró con expresión de extrañeza, diciéndome: ¿Tú crees?. Claro, para D la casita en el campo era un lugar de recreo o donde pasar las vacaciones, pero D no lo había dicho en el sentido de volver a nuestras raices, lo cual yo entendí y acepté perfectamente. Pero lo que realmente me preocupa y me enciende las alertas fue el posterior desarrollo de aquella breve conversación. Tratando yo de explicar el por qué me gustaba la idea de retornar al pueblo, le hablé, pensando en D y en todas las cosas que vivimos juntos en nuestra (supuestamente) maravillosa infancia, le dije algo así como: cuántos bellos recuerdos...así, desde la nostalgia, pero con satisfacción por todo lo vivido. Y, entonces, el rostro de D se ensombreció mucho más. Apartó la mirada, y se despidió de mí de forma muy fria, avanzando por la acera de la ciudad chica con su patinete eléctrico (estos que están de moda ahora), mientras yo seguí caminando hacia casa en la dirección opuesta. 

Preocupado por la actitud de D, durante meses he tenido que rememorar y urgar en el pasado, en el de D y en el mío, para tratar de entenderlo. ¿Fue el pueblo de nuestra infancia un lugar bello que se correspondía con la mejor de las épocas que un niño haya podido vivir? ¿Sí, o no?. He tenido que mirar más allá de la superficie de la vida de mi muy querido D, y tratar de comprender sus percepciones y su dolor. ¿Qué supuso para D, realmente, el pueblo de nuestra infancia?. Y entonces empiezo a recordar. A recordar historias, hechos, impresiones, que D me contaba en noche profunda cuando, siendo unos niños de 10 años de edad, compartíamos habitación en casa de nuestros abuelos, padres, tios, etcétera (teniamos familia o amigos repartidos por medio pueblo, y sus casas y habitaciones a menudo estaban abiertas para nosotros).  D era un niño muy sensible, percibía cosas, sabía escuchar ciertas cosas que pasaban en el pueblo, y me las contaba a mí cuando yo ya hacía algunos años que vivía en la ciudad chica. Digamos que esas historias o hechos trataban sobre los locos del pueblo. Todos los pueblos tienen por lo menos dos o tres, esas personas que, se dice, no están bien, y los niños les hacen bromas, se burlan de ellos, la gente del pueblo en cierta forma los maltrata o los ridiculiza. Porque, ciertamente, esos "locos del pueblo" son personas que van por la calle gritando, diciendo extravagancias, etcétera. Pero ¡cuidado!, desde aquí siemplemente os digo que esos "locos", pueden estar poseídos por demonios, pero los ángeles de Dios también los usan para decir verdades que el mundo no quiere aceptar. Ese sería otro tema, en todo caso. Lo importante es esto: D me quería hacer entender que esos locos (que en su mayoría eran personas ya ancianas) fueron en su juventud personas muy brillantes en algún aspecto, incluso personas especialmente bondadosas, y que, debido a la envidia que ello suscitaba, fueron perseguidos y maltratados por la gente del pueblo. Incomprendidos, aislados, maltratados, terminaron perdiendo el juicio y convirtiéndose en los locos del pueblo, viviendo en la indigencia material y la enajenación mental. Y D me lo contaba como indicándome que eso pasaba en el pueblo, por ser pueblo, porque en los pueblos todos se conocen, todos se vigilan, y todos tienen mayor facilidad para, mediante el chismerío u otras argucias, confabular contra una persona. Y siempre es una mayoría contra unos pocos, normalmente de alma noble o talentosa en algún aspecto. ¿Vamos entendiendo el trasfondo real de la obra de Stephen King, y de la película de Dauberman?. D me enseñó que el pueblo estaba, de alguna forma, endemoniado. 

Y luego seguí indagando en los recuerdos. Yo ya vivía en la ciudad chica, pero D permanecía en el pueblo. Estamos a principios de los años noventa, tendríamos unos 15 años de edad. Y me hablaba sobre cosas muy tristes que le sucedían pero no me decía qué era exactamente, y yo le insistía, intrigado, una y otra vez, que me las contara, pero él se negaba, y yo preguntaba que por qué no me las podía contar. Porque son cosas demasiado tristes, me decía. Jamás me las contó, y a día de hoy no creo que haya esperanzas de conocerlas ni que sea necesario saberlas. Lector, estarás pensando, que todo esto son los dramas típicos de los adolescentes, y que la demonología aquí no tiene nada que ver. Estoy deacuerdo, solo quiero contextualizar todo eso en el marco de esa oscuridad que habita en pueblos que parecen bellos e idílicos. Porque nunca compartí la tristeza de D, y estoy tratando de comprender el origen de todo ello. Y el origen de esas persecuciones, de esa maldad real y aterradora, es demoniaco. Las películas te muestran a personas poseídas por demonios, las películas revelan aquello que nosotros no vemos pero, como en el caso de D, sí podemos presentir o percibir de alguna manera. Se trata del origen espiritual del mal, y de eso trata Salem's Lot (2024). D, al cabo de unos años, también se fue a vivir a la ciudad chica. Ya en esa época en que teniamos 15 años de edad me hablaba de la incomodidad que sentía al vivir en ese pueblo, que quería volar de allí y olvidarlo todo. Ahora solo quiere su casa de campo para estar solo y descansar en vacaciones, pero no quiere recordar o ver a la gente del pueblo. Algunos escribimos sobre demonología, otros perciben muchísimas cosas más. 

Seguimos a principios de los noventa. Yo y D conversando bajo las estrellas de la noche profunda, cuando yo iba al pueblo para veranear. En un momento dado me habló de esa extraña y fria oscuridad que a veces invade a cualquier persona. Cito las palabras más o menos textuales de D, porque éstas las recuerdo bien: "esta tarde, cuando estábamos en el corral de la abuela, mientras bajaba la rampa que conduce al huerto, me invadió una sensación de angustia. Es como si, de repente, sintiera que la vida no tuviera sentido, que no soy nada, que todo es una mierda y que nada merece la pena".  Os aseguro que D no era una persona depresiva, ni estaba pasando por una depresión. Fue un pensamiento extraño que le invadió. Quizás algunos de vosotros habéis tenido esos extraños bajones de ánimo. En esta bitácora ya hemos afirmado que eso tiene origen demoniaco. Satanás o va a la contra de Dios, o imita las cosas de Dios para disimular. La palabra de Dios dice que el ser humano tiene origen divino y que está destinado a ocupar en los cielos del reino eterno de Dios la vacante dejada por los ángeles caídos que fueron expulsados. Pero para ello hay que creer en la Palabra de Dios y obrar en consecuencia. Satanás dice la contraria: no sois nada, Dios no existe, nada merece la pena, ni el bien, ni el mal, nada merece la pena. Quiere hacernos creer que no somos nada, que tampoco existe una Ley en el universo, para destruir nuestras almas y evitar que entremos en el reino de Dios. Mi querido D no era creyente, nunca lo ha sido, y lleva una vida desordenada en lo que respecta a las cosas de Dios. Satanás sabe a quién susurrarle. No lo hace literalmente con palabras, pero sí tiene el poder de dejar determinadas impresiones o ideas en la mente de las personas. Y eso son esos extraños, súbitos e invasivos bajones de ánimo. Yo también los percibí cuando vivía en el pueblo y tenía unos siete u ocho años, tal vez menos. Es esa oscuridad fría que te invade, como un pensamiento opresivo. Los viví en casa de mi abuela, mientras miraba el oscuro trastero ubicado en la parte trasera de la casa. El "efluvio" venía de allí, mientras yo jugaba en un salón-comedor muy iluminado por una aurelita del techo. Mi padre ya me habló de ello; en alguna ocasión, tras ver algún programa de Jiménez del Oso, hablábamos sobre estos temas. Y él me decía que recuerda como, desde niño, sentía un terror frio cada vez que entraba en el oscuro trastero de casa de la abuela. Y en ese trastero es donde colgaron a la gente en tiempos de la guerra civil, entre otras posibles atrocidades que mi padre nunca ha querido contarme por razones obvias...¿cómo iba yo a asimilar que mi muy atenta, cariñosa, pacífica y dulce abuela escondía un monstruo en su interior?. Pero ahora sé que no era mi abuela, son demonios. Y que, cuando se cometen atrocidades en un determinado lugar, es como abrir una puerta a los demonios en ese lugar. Y ese "efluvio" se queda ahí. No son el espíritu de los muertos ajusticiados (los muertos nada saben, dice la Biblia), son "energías" de origen demoniaco. Por eso mi padre los percibía, y yo también. Y ahora entiendo el miedo o la tristeza de D cuando le hablo de "los bellos recuerdos de aquella época". La única diferencia entre él y yo es que yo siempre he creído en Dios y tenía un horizonte de esperanza. Pero ¿cómo va sentirse alguien sin esperanza ante esas frías oscuridades que nos acechan, y que no puede ni definir ni identificar, y de las que no puede escapar en su camino por este valle de sombras?

Eso es exactamente Salem's Lot (2024). La vida transcurre tranquila, normal, luminosa en apariencia, los pueblos parecen bellos, bucólicos, recogidos y acogedores, la gente parece amable y buena. Pero el alma de sus habitantes está muerta y terminan convirtiéndose en recipientes para los demonios. Tenemos que entender que estamos en medio de un conflicto cósmico en el que Satanás quiere hacer creer que somos una "chamba" genética sin sentido, y que nada merece la pena. Las promesas bíblicas son claras: Cristo pagó por nuestros pecados, tenemos la puerta al cielo abierta, sólo tenemos que creer y aceptar el pacto. Satanás no tiene más poder que el que nosotros le otorgamos al entrar en rebeldía contra Dios.

martes, 6 de octubre de 2026

Adentrarse en la sombra

 


Conforme vamos entrando en los días oscuros, se hace evidente que las personas son sensibles al descenso de la luz y al progresivo aumento de la tiniebla. El otoño, con todos sus romanticismos, no deja de traer depresiones, melancolía y miedo a todos los niveles: el mundo político, social, cultural. Existe, efectivamente, una oscuridad capaz de envolvernos a todos, y necesitamos hallar esa luz que brilla con la mayor fuerza. Y necesitamos el valor de adentrarse en las oscuridades del mundo para ayudar a los que están en la sombra. Esa es la lección más valiosa que podemos hallar en Salem's Lot (2024).

La película tiene una estructura implacable que guía el desarrollo, que es un desarrollo moral: primero, descubrir un extraño mal, que en principio parece de tipo vírico o biológico, bajo la sospecha de que puede haber algo más. Después, reconocer que se trata de un mal de origen espiritual y demoniaco, lo cual requiere dar un salto de fe y el aprendizaje de la cruz incandescente. Y en el segundo y resolutivo tramo, ya se trata de ir en busca de los perdidos y tratar de liberarlos. 




domingo, 27 de septiembre de 2026

Bajo el poder de Satanás

 


Atendiendo a las temáticas que se abordan en esta bitácora, Robert Eggers es un cineasta al que hay que vigilar muy de cerca, tanto por lo que ya tiene hecho como lo por venir (y lo por venir es, según los últimos rumores, apabullante y esperanzador. ¿Podría llegar a ser una especie de Kubrick/Spielberg del alma folk europea?). Hagamos ahora algunos apuntes sobre La Bruja (2015), el que fue su primer largometraje. La película tiene un mensaje que se presta a generar polémicas, concretamente en el mundo de las iglesias cristianas.  No es una película anticristiana, pero sí es una película contra cierta idea del fanatismo cristiano: los cristianos que ponen el foco de su fe y de la doctrina en la que creen en el poder que el pecado y Satanás tienen en sus vidas acaban autodestruyéndose. En la propuesta de Eggers, nos muestra como los miembros principales de una familia cristiana pretendidamente piadosa acaban practicando alguna forma de satanismo, unos en forma de codicia, otros en egolatría, en posesión diabólica, en disimulada lascivia, arrastrados por la locura y la sangre, y en el caso especial de la joven protagonista, debido al fracaso de su fanático padre en la administración de un culto familiar, lo cual la ha alejado de Dios, encuentra su "liberación" en el aquelarre de las brujas. Si sobredimensionamos el poder que Satanás tiene en este mundo, estaremos bajo su poder. Si vindicamos el poder de Dios y el triunfo de Cristo en la cruz, seremos santificados. Si somos capaces de presentar el poder liberador de Cristo, las personas se entregarán a él. Si tergiversamos el carácter y el poder de Dios, la gente se entregará a prácticas satánicas. En definitiva, se trata de una moraleja en la cual los personajes, particularmente el padre de familia, reciben un castigo por el pecado de arrogancia y egolatría, por haberse creído más santo que el resto de la congregación de la que formó parte. Y, por lo demás, la película tiene unos rasgos que la convierten en sucinto estudio psicológico sobre cómo los malos pensamientos, las actitudes negativas (como ya hemos señalado, focalizar la atención, de esa forma tan extrema, en la idea de pecado o en el carácter severo de Dios) y el permanente miedo a la condenación son precisamente lo que hace que las maldiciones caigan sobre esa familia.

La bruja a la cual se refiere el título es la joven protagonista que sufre un paulatino acercamiento a Satanás, hasta su consumación en el aquelarre. La primera imagen de la película es su rostro inocente, vaticinio de lo que se nos va a narrar con solvencia, igualmente en todos los apartados técnicos y visuales, a destacar los rasgos tenebristas de la fotografía, con un elenco interpretativo que oscila entre la perfección y lo sobreactuado, según se mire. Quizás, pensando en ese desarrollo o exposición de una familia que, creyéndose piadosa, acaba evidenciando que en realidad estaba bajo el poder de Satanás, resulte demasiado esquemática o descriptiva, sin ir más allá de una exposición coherente de ideas a través de motivos muy reconocibles, y atmósferas muy medievales, aunque aquí estamos en la Nueva Inglaterra del siglo XVII. 



domingo, 20 de septiembre de 2026

Un cuento devastador



Si hubiera que pensar una película idónea para la entrada en el otoño, tal vez la película Inteligencia Artificial (2001) es la que nos viene a la mente, muy a menudo, aunque pueda resultar extraño según qué sensibilidades. El otoño es acogedor y requiere historias o escenarios que, siendo oscuros, decadentes o melancólicos, acompañen el reposo y la meditación. I.A es un cuento de hadas tradicional, y a la vez una terrorífica y devastadora distopía futurista. De inicio, cabe poner énfasis en que el mensaje moral de Steven Spielberg (el mejor cineasta mainstream de la historia del cine, y seguramente también el mejor cineasta clásico) es practicamente el mismo que aparece en Parque Jurásico (1993): el error de crear algo que no debería existir. Pero si en ésta las consecuencias del error son estrictamente biológicas y medioambientales, en I.A se muestra la devastación de un ser en sentido holístico, poniendo el énfasis en el desamparo, la soledad y la incomprensión sufridas por un alma condenada a vivir en un limbo, ni plenamente humano, ni plenamente sintético. Stanley Kubrick, quién delegó en Spielberg la responsabilidad de realizar un viejo proyecto que tenía en mente, quiso advertir sobre los peligros de la ciencia: no todo lo que podemos crear debe ser creado y, mucho más que eso, crear en rebelión contra las leyes del único y verdadero Creador del universo, imitando la misma vida humana que solo puede ser creada por Dios, perturba gravemente la misma continuidad del espacio-tiempo, entendiendo a éste como extensión del alma del Creador y, por tanto, si creemos que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, del alma humana. La secuencia final de la película, disfrazada de final feliz, es realmente devastadora: un encuentro con Ella, con el amor buscado durante toda su existencia consciente, es en realidad un engaño, la engañosa ilusión más desesperada que se ha visto en cine, una reproducción finita e inauténtica de lo que no pudo ser en vida, y de lo que jamás podrá ser. 

Spielberg se deja la piel y el alma en esta película. Spielberg, portador del estigma judío, y del cual da testimonio en varias de sus películas, se siente identificado con David, homólogo a E.T. David representa, teniendo en cuenta las distintas capas de lectura que pueda tener esta película, al perseguido, y también a esa actitud y cualidad que permite ser puente entre distintas formas de ser, de pensar o de existir, en este caso concreto, puente entre la condición humana y la condición de los robots. Hay en él una actitud de confraternizar con sus iguales y con quienes encarnan la otredad. Pero David es también un ser demoníaco, y esto es algo en lo que Spielberg no se atreve a implicarse lo suficiente, por ser un terreno demasiado oscuro para su sensibilidad, pero ahí queda una de las secuencias más perturbadoras de su edulcorada filmografía: David, autoconsciente en extremo de su especial condición, ataca con violencia a uno de sus dobles creados por la mano del hombre. Quien es consciente de ser especial, no puede soportar la idea de algo igual a sí mismo, por una pulsión narcisista que quiere conservar a toda costa su privilegiada individualidad. Su mismo creador humano comete el error de no querer aceptar la muerte de David, del mismo modo que Mónica, ante la ausencia de su hijo, decide realizar la impronta, y desencadena el desastre. Esto es rebelión contra el creador, la no aceptación del orden de las cosas y, en ese sentido, la IA aparece como tentación satánica: te doy un beneficio temporal, a cambio de tu alma. En definitiva, parece que Spielberg, a pesar de todo, cree que el sueño y la ilusión son una manera de realizar aquello que no puede existir dentro de nuestra limitada condición humana. Pero en este caso se trata de una ilusión tecno-científica, satánica, y no aquella que mira a la eternidad, al mundo celeste, a lo que los platónicos llaman mundo de las ideas y los cristianos Reino de los Cielos.

Actualmente se está fomentando el miedo a la IA en razón del daño que la IA pudiera hacernos.  Quizás, siguiendo el planteamiento de Kubrick y de Spielberg, deberíamos pensar en el daño que podríamos hacer nosotros al crear seres conscientes que vivirán en un mundo que nunca podrá corresponderles. ¿Cual, en esas dos opciones, es el mayor dolor posible que podríamos traer a la existencia?. Por tanto, estamos ante una película antiprofética, va a la contra de la actualidad, así como, en cambio, Minority Report, hace más de 20 años, pronosticó buena parte de lo que estamos viviendo a nivel de IA, control, vigilancia y redes digitales. ¿Se trataba solo de sentimientos y metáfora, o acaso Spielberg nos estaba advirtiendo de algo que ahora mismo no somos capaces de ver?. ¿Puede el ser humano en verdad crear robots dotados con la facultad de amar?




jueves, 17 de septiembre de 2026

Élite de magos

 


Como rezaba el cartel de Dragones y mazmorras (2000), dirigida por Courtney Solomon, la fantasía épica medieval no es un juego, sino la dimensión mitológica de la realidad del mundo humano sometido al mal y al pecado. El contenido sociopolítico de la película es evidente: una lucha de clases entre magos y plebeyos, entre aristocracia y pueblo llano. Profion (Jeremy Irons) encarna la actitud elitista de quienes detentan el saber y el conocimiento acerca de las fuerzas de la naturaleza, es decir, los que pretenden dominar al dragon en provecho propio. Si trasladamos esto al mundo real, son aquellos magos (masonería luciferina) muy conocedores del anima mundi, que utilizan su saber para manipular a los que no tienen conocimiento de las realidades espirituales de la Naturaleza, o sea, la masa de consumidores que no tienen otro horizonte de vida que la búsqueda de dinero, reconocimiento social y placer. Los magos negros como Profion ocultan su saber precisamente para preservar el privilegio y el poder sobre los demás. La joven emperatriz que, supuestamente, sería la antagonista de Profion, pretende cambiar el sistema para que los plebeyos puedan estar en condición de igualdad respecto a la casta de magos. Pero el caso es que la emperatriz pretende competir con los magos negros utilizando la misma forma de magia: intentar dominar y controlar al dragón en provecho propio, por mucho que hable de iguadad y justicia. Profion encarna el argumento realista de que el pueblo no está preparado para recibir el conocimiento, y esa democratización de la magia traería la degeneración de esos tesoros de la sabiduría. Por su parte, la emperatriz encarna la razón idealista que cree en un mundo igualitario. Más allá de esa lucha política e ideológica, cargada de vanidad tanto de un lado como del otro, están los ladrones humildes y de buen corazón, y los elfos, que son parte de la magia (parte consciente, humilde y abnegada del anima mundi). Ellos, representación de los marginados y de las gentes sencillas que viven en íntima conexión con la Naturaleza, son los que marcan la diferencia y los que están destinados a vencer al régimen elitista de Profion*. En la secuencia más resolutiva de la película, el ladrón de buen corazón renuncia a utilizar el cetro que da poder sobre los dragones, eso que ni Profion ni la emperatriz son capaces de hacer, y decide luchar contra el mago con su propia espada. Renunciar a la vanidad de querer someter y controlar al dragón supone un acto de abnegación y humildad, es dejar que la naturaleza siga su curso, sin interferir en la vida del anima mundi. O sea, dejarlo todo en manos de Dios. Eso es vencer al dragón. 

Aunque la historia y el contenido son valiosos, la película tiene demasiadas carencias. Aquí no hay un mundo físico y real, sino escenarios de cartón-piedra, los efectos especiales pésimos, el casting horroroso a pesar de Jeremy Irons, personajes mal caracterizados y escaso desarrollo aunque los roles están bastante bien definidos y, de alguna extraña manera, la historia consigue avanzar y tener una cierta entidad, pero con demasiadas lagunas. En definitiva, no es esa película tan insípida, infantiloide e intrascendente, como se ha comentado a lo largo de los años, lo cual no quita que es realmente hortera en varios aspectos, y que parece un telefilme barato en vez de la gran superproducción que potencialmente es y mereció ser. 



* Cuando decimos "en íntima relación con la Naturaleza",  normalmente pensamos en bellos paisajes de montaña, bosques o campos, gente que vive de la tierra, que abraza a los árboles o que viaja en mula, o en bicicleta como mucho. Tal vez es mejor pensarlo como vivir conforme a los ciclos de la naturaleza, en una conformidad filosófica con lo manifestado en la Naturaleza, independientemente de si se vive en el campo o en la ciudad, de si trabajas de agricultor o de oficinista. Lo importante es que la vida del alma de una persona esté en comunión con el anima mundi, sin tratar de dominarla, manipularla, intervenir en ella en provecho propio. El mago trata de operar en la Naturaleza (en las fuerzas primordiales del cosmos, en la luz astral), el elfo (el ser sencillo y esencial que vive para lo esencial de la vida) forma parte de la Naturaleza. Y Naturaleza no es solo el mundo físico, visible o medible, sino todas las formas y manifestaciones del anima mundi. El tema es que Satanás utiliza nuestra vanidad, nuestro deseo de obtener algún tipo de beneficio, para tentarnos a operar en la Naturaleza, en la luz astral, que es la parte etérica de aquella. Pactar con Satanás es una forma de "dominar al dragón", de obtener un beneficio a cambio de entregarle el alma (entregar la vida de la princesa virgen e inocente de los cuentos de hadas tradicionales). Por eso, esa no intervención abnegada y libre de todo deseo es la mejor manera de vencer al dragón.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

"Si no hubiera magos, tampoco habría dragones"

 


El dragón del lago de fuego no es una película común, ni tampoco una fantasía medieval Disney para el pasatiempo familiar. Transpira magia y fuego ancestral en casi todas sus imágenes, pues desde el inicio, con esas antorchas que iluminan la oscuridad en el camino hacia el castillo de Craggenmoor, ya anuncia un cosmos donde los magos, la religión y la sociedad comunitaria son los verdaderos protagonistas, y lo hace de forma que cada pieza encaja perfectamente en el desarrollo propuesto. La impecable fotografía, por su parte, evoca la dimensión mágica y legendaria de la edad media, desde los interiores de un palacio o fortaleza, los paisajes naturales, la gruta de camino hacia el dragón, o un cielo eclipsado, con una puesta en escena que no desaprovecha ninguno de sus elementos. Y el magistral diseño, recreación y efectos especiales en lo concerniente al dragón Vermithrax, seguramente la mejor recreación de un dragón jamás vista en la historia del cine, haciendo que la película sea un maravilloso y sobrecogedor espectáculo en ciertos pasajes.

Por otra parte, si entendemos que la fantasía medieval es la mejor forma de exponer la significación espiritual del funcionamiento de la civilización europea a lo largo de los siglos, donde el dragón representa a esas fuerzas caóticas, destructivas e ingovernables de la naturaleza y, en última instancia, a Satanás, la princesa a la belleza e inocencia de un mundo en peligro, y el caballero-mago en este caso la encarnación del alma heroica que a pesar de todo persevera en la lucha contra el mal, vemos que esta película es paradigmática, clásica, y romántica desde la superficie hasta sus entrañas. Vencer o dominar al dragón que esclaviza a la sociedad (en este caso representada en un pequeño reino medieval) es el objetivo perseguido. Valerian le entrega al mago Ulrich escamas y garras de dragón, con lo cual el mago lucha contra el mal utilizando los mismos atributos del mal, en un entorno donde la magia pagana todavía es predominante frente al poder de la cruz cristiana. El mago existe en contraposición al dragón, pero los dragones existen porque los magos existen, es decir, la magia implica una cierta connivencia con el satanismo, pues el dragón encarna a esa luz astral (éter, o campo energético sutil de la materia) sobre la cual operan los magos. Por eso Ulrich toma la decisión de sacrificar su vida, para destruir al dragón. 

La noción de sacrificio para preservar un cierto orden y la supervivencia de una comunidad, implicando a cambio la destrucción de la pureza y de la belleza del mundo, nos habla de cómo funciona el mundo real. El dragón actual, encarnado en las fuerzas del capitalismo salvaje y del liberalismo, mantiene un cierto orden a cambio de la muerte, la contaminación medioambiental, el ataque a la infancia y a la cultura del verdadero orden y la verdadera belleza. El caso es que la princesa Elspeth se ofrece voluntariamente para el sacrifico en beneficio de la comunidad, con lo cual debemos considerar que ese noble principio (el interés colectivo está por encima de los intereses particulares) entra dentro del orden y de las reglas impuestas por el dragón, cuando se trata de una sociedad, no libre en Dios, sino esclava de Satanás. Podemos pensar en cómo han funcionado algunas formas del totalitarismo en el siglo XX. 

Hay un detalle muy importante en la película; Valerian recibe de su padre una cruz a manera de amuleto. Ello se contrapone con el amuleto utilizado por el caballero-mago Galen Bradwarden, discípulo de Ulrich, un amuleto pagano, un pequeño cubo que emite luz cuando el mago opera. Cuando Ulrich se dispone a realizar su sacrificio en la batalla final contra el Dragón, primero mira y toca con la mano la cruz de Cristo, y acto seguido hace lo mismo con el amuleto pagano, ese amuleto que ha de ser destruido, provocando la muerte de Ulrich y, por ende, la del dragón. Los magos y sus sortilegios deben perecer, comienza la era del poder de la cruz de Cristo, el corazón de Valerian. Hay un tono en la película de elegía y nostalgia ante el final de la era de los magos y de los dragones, sin embargo, la magia pagana será sustituida por la magia de Cristo, el verdadero poder de la Palabra. No obstante, cuando el dragón yace chamuscado en la tierra, el rey Casiodorus clava su espada en el cuerpo del dragón, atribuyendo la victoria a su reinado cristiano, enalteciendo el estandarte de la cristiandad, pero el dragón ha sido vencido gracias al sacrificio de un mago pagano. Es decir, el espíritu cristiano ya estaba en cierta forma en Ulrich, y lo que ahora empieza es esa fusión entre el mago y la cruz cristiana. Toda la película, en definitiva, se fundamenta en esa idea de que nunca podremos vencer al mal sin renunciar a nuestro propio ego y a nuestra propia individualidad, sin entregar la vida a un principio superior a nosotros mismos. Y eso vale no solo para la preservación de una comunidad en sentido amplio, sino también para preservar la relaciones interpersonales, en núcleos básicos como puede ser, por ejemplo, el matrimonio: es difícil que los dos miembros del matrimonio tengan la misma disposición a humillarse, pero uno de los dos tiene que ceder y humillarse, vencer el ego, siempre dentro de unas normas de respeto, dignidad y convivencia.

Las secuencias en las que, o bien Galen (Geylin) o bien Valerian se adentran en la tenebrosa gruta que lleva al lago de fuego donde habita el dragón, evocan esa idea alegórica acerca de adentrarse en lo oscuro de la vida y de la existencia, pues no podemos afrontar la oscuridad sin conocerla en cierto modo. De hecho, el mago Ulrich renace de sus cenizas en el mismo lago de fuego, de la misma substancia que cobija al dragón.  Es allí, en esa gruta oscura, donde Valerian obtiene las garras, y las escamas de dragón con las que fabrica un escudo con el cual Galen puede protegerse del fuego del dragón. Quizás no es tanto vencer el mal con las armas y los atributos del mal, sino más bien comprender cómo funciona este mundo regido por el dragón y, como dice la Palabra, ser inocentes como palomas, pero astutos como serpientes. 




martes, 15 de septiembre de 2026

De la leyenda del Conde Arnau

 


Per desgràcia, el cine no ha donat un obra fidel al folclore entorn al comte Arnau. Proposem acostar-nos a les fonts lliteràries per a un millor coneiximent d'aquesta llegenda catalana. Es proposa la llectura del seguents textos:

 La leyenda del comte Arnau

 I aquest altre de la biblioteca Cervantes

La leyenda del jinete maldito

El alma en pena más famosa de Catalunya