"Harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestra tumbas" (Bava y Argento, 1985). Y es cierto, vivimos tiempos oscuros, y desde el 2020 podríamos decir que hemos vuelto a la edad media, lo cual es fortuna y no, como suele pensarse, una desgracia. Vivimos en una edad media real y mitológica, donde las pestes, las guerras, la incertidumbre, el fin del mundo y el carácter demoniaco de la realidad están mucho más presentes. Los demonios existen, y la victoria final de Dios sobre el Dragón se acerca. Esta bitácora explora, entre otros asuntos afines, la lucha contra el Dragón tal y como se ha representado en el cine y en las artes populares.

lunes, 17 de agosto de 2026

Drácula 1979: John Badham y las tinieblas de Satanás

 


El hecho de que John Badham eligiera originalmente, para su versión de Drácula en 1979, eliminar los colores vivos y apostar por una fotografía practicamente en blanco y negro, resulta en algo más que una emulación a los clásicos de los años 30. En algo simbólico pero también narrativo. Badham concentró toda la narrativa en el flujo maligno procedente del conde de transilvania, de manera que la desaturación se convierte en expresión del mal que invade las inmediaciones de la abadía de Carfax, desde esas primeras secuencias del barco que se aproxima a los escarpados puertos de Inglaterra, mostrando siempre una atmósfera neblinosa, la ausencia practicamente de color, un lugar donde nunca luce el sol, pero la luz blanca mortecina de la luna y el canto de los lobos son constantes. Tan solo la luz de las velas que alumbran las habitaciones y los salones desprenden una tímida luz dorada que sirven de signo incipiente hacia la conclusión: la luz triunfa sobre las tinieblas, por muy débil que sea al principio. Es la ausencia del sol y de su luz dorada el punto principal que nos llevará a la resolución final. Por tanto, el quasi blanco y negro elegido por Badham se convierte en expresión de ese reino de las tinieblas traído por el vampiro, en contraposición al esplendor de luz solar que triunfa en el momento final en que el disco del sol luce con un dorado ya más intenso que acompaña a la visión de un cielo azul nunca visto en toda la película hasta ese momento, y a la del colorido de los banderines ubicados en el mástil del barco. Badham utiliza el color como signo del triunfo del bien sobre el mal, por mucha empatía y misericordia que llegemos a sentir hacia el solitario y romántico conde interpretado por Langella, y en la única secuencia sexual-amorosa inflama la atmósfera con el rojo-pasión de la lujuria . Evidentemente, esta significación narrativa no hubiera sido posible si hubiéramos optado por la edición en colores vivos, mucho menos expresiva. Ya sabemos, pues, cual es la buena.

Por lo demás, puede que no sea la mejor versión de Drácula, pero sí será de las favoritas, algo especial, con unos diálogos exquisitos, un casting rebosante de clásicos, una puesta en escena que te hace ver que, efectivamente, la noche es estremecedora, y que nunca las ventanas cerradas han sido tan escalofriantes como aquí, debido al espeluznante avance del vampiro que las abre. Y la música de John Williams. 





martes, 4 de agosto de 2026

Creepozoides

 


 Fantasmales vías de tren bajo el sol del mediodía, y una tormenta de lluvia ácida que avanza en un cielo todavía despejado, obligando al grupo de caminantes a refugiarse en el inframundo de los laboratorios, ordenadores, pasillos, galerías, oficinas sucias y abandonadas.  La precariedad de medios, junto con el planteamiento minimalista, convierte a dicho refugio en un averno donde se materializan todos los miedos: la claustrofobia concibe y da a luz a sus propios demonios, como también puede hacerlo la ingeniería genética. Y, aunque se trata de una película fundamentada en esa atmósfera claustrofóbica, aporta esa sensación de regocijo de estar escondido en lo más oscuro (interno) de un mundo exterior en el cual está la amenaza real.  Estamos hablando, sí, de lo que ahora se llama espacio liminal, una forma de visión onírica, evocación de lo desolador, desde donde los demonios acechan.  Mirar el apocalipsis, especialmente uno tan horrorífico como este, hace que valores mucho más el normal discurrir de la realidad. También puede hacer, por contra, que ese "mágico" mundo representado te haga sospechar de lo real cotidiano, que parece tan estable y seguro, y tal vez no lo es, o no por mucho tiempo.