HARÁN DE LOS CEMENTERIOS SUS CATEDRALES Y DE LAS CIUDADES VUESTRAS TUMBAS - Darío Argento y Lamberto Bava, 1985



CINE-FÓRUM LITERARIO PARA EL DESARROLLO DE UNA CULTURA APOCALÍPTICA Y EL ESTUDIO DE LA DEMONOLOGÍA

lunes, 17 de agosto de 2026

Drácula 1979: un triunfo solar

 


El hecho de que John Badham eligiera originalmente, para su versión de Drácula en 1979, eliminar los colores vivos y apostar por una fotografía practicamente en blanco y negro, resulta en algo más que una emulación a los clásicos de los años 30. En algo simbólico pero también narrativo. Badham concentró toda la narrativa en el flujo maligno procedente del conde de transilvania, desde esas primeras secuencias del barco que se aproxima a los escarpados puertos de Inglaterra, mostrando siempre una atmósfera neblinosa, la ausencia practicamente de color, un lugar donde nunca luce el sol, pero la luz blanca mortecina de la luna y el canto de los lobos son constantes. Tan solo la luz de las velas que alumbran las habitaciones y los salones desprenden una tímida luz dorada que sirven de signo incipiente hacia la conclusión. Es la ausencia del sol y de su luz dorada el punto principal que nos llevará a la resolución final. Por tanto, el quasi blanco y negro elegido por Badham se convierte en expresión de ese reino de las tinieblas traído por el vampiro, en contraposición al esplendor de luz solar que triunfa en el momento final en que el disco del sol luce con un dorado ya más intenso que acompaña a la visión de un cielo azul nunca visto en toda la película hasta ese momento, y a la del colorido de los banderines ubicados en el mástil del barco. Utiliza la luz y el color como signo del triunfo del bien sobre el mal, por mucha empatía y misericordia que llegemos a sentir hacia el conde interpretado por Langella. Evidentemente, esta significación narrativa no hubiera sido posible si hubiéramos optado por la edición en colores vivos, mucho menos expresiva. Ya sabemos, pues, cual es la buena.

Por lo demás, puede que no sea la mejor versión de Drácula, pero sí será de las favoritas, algo especial, con unos diálogos exquisitos, un casting rebosante de clásicos, una puesta en escena que te hace ver que, efectivamente, la noche es estremecedora, y que nunca las ventanas cerradas han sido tan escalofriantes como aquí, debido al espeluznante avance del vampiro que las abre. Y la música de John Williams. 


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