"Harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestra tumbas" (Bava y Argento, 1985). Y es cierto, vivimos tiempos oscuros, y desde el 2020 podríamos decir que hemos vuelto a la edad media, lo cual es fortuna y no, como suele pensarse, una desgracia. Vivimos en una edad media real y mitológica, donde las pestes, las guerras, la incertidumbre, el fin del mundo y el carácter demoniaco de la realidad están mucho más presentes. Los demonios existen, y la victoria final de Dios sobre el Dragón se acerca. Esta bitácora explora, entre otros asuntos afines, la lucha contra el Dragón tal y como se ha representado en el cine y en las artes populares.
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domingo, 20 de septiembre de 2026

Un cuento devastador



Si hubiera que pensar una película idónea para la entrada en el otoño, tal vez la película Inteligencia Artificial (2001) es la que nos viene a la mente, muy a menudo, aunque pueda resultar extraño según qué sensibilidades. El otoño es acogedor y requiere historias o escenarios que, siendo oscuros, decadentes o melancólicos, acompañen el reposo y la meditación. I.A es un cuento de hadas tradicional, y a la vez una terrorífica y devastadora distopía futurista. De inicio, cabe poner énfasis en que el mensaje moral de Steven Spielberg (el mejor cineasta mainstream de la historia del cine, y seguramente también el mejor cineasta clásico) es practicamente el mismo que aparece en Parque Jurásico (1993): el error de crear algo que no debería existir. Pero si en ésta las consecuencias del error son estrictamente biológicas y medioambientales, en I.A se muestra la devastación de un ser en sentido holístico, poniendo el énfasis en el desamparo, la soledad y la incomprensión sufridas por un alma condenada a vivir en un limbo, ni plenamente humano, ni plenamente sintético. Stanley Kubrick, quién delegó en Spielberg la responsabilidad de realizar un viejo proyecto que tenía en mente, quiso advertir sobre los peligros de la ciencia: no todo lo que podemos crear debe ser creado y, mucho más que eso, crear en rebelión contra las leyes del único y verdadero Creador del universo, imitando la misma vida humana que solo puede ser creada por Dios, perturba gravemente la misma continuidad del espacio-tiempo, entendiendo a éste como extensión del alma del Creador y, por tanto, si creemos que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, del alma humana. La secuencia final de la película, disfrazada de final feliz, es realmente devastadora: un encuentro con Ella, con el amor buscado durante toda su existencia consciente, es en realidad un engaño, la engañosa ilusión más desesperada que se ha visto en cine, una reproducción finita e inauténtica de lo que no pudo ser en vida, y de lo que jamás podrá ser. 

Spielberg se deja la piel y el alma en esta película. Spielberg, portador del estigma judío, y del cual da testimonio en varias de sus películas, se siente identificado con David, homólogo a E.T. David representa, teniendo en cuenta las distintas capas de lectura que pueda tener esta película, al perseguido, y también a esa actitud y cualidad que permite ser puente entre distintas formas de ser, de pensar o de existir, en este caso concreto, puente entre la condición humana y la condición de los robots. Hay en él una actitud de confraternizar con sus iguales y con quienes encarnan la otredad. Pero David es también un ser demoníaco, y esto es algo en lo que Spielberg no se atreve a implicarse lo suficiente, por ser un terreno demasiado oscuro para su sensibilidad, pero ahí queda una de las secuencias más perturbadoras de su edulcorada filmografía: David, autoconsciente en extremo de su especial condición, ataca con violencia a uno de sus dobles creados por la mano del hombre. Quien es consciente de ser especial, no puede soportar la idea de algo igual a sí mismo, por una pulsión narcisista que quiere conservar a toda costa su privilegiada individualidad. Su mismo creador humano comete el error de no querer aceptar la muerte de David, del mismo modo que Mónica, ante la ausencia de su hijo, decide realizar la impronta, y desencadena el desastre. Esto es rebelión contra el creador, la no aceptación del orden de las cosas y, en ese sentido, la IA aparece como tentación satánica: te doy un beneficio temporal, a cambio de tu alma. En definitiva, parece que Spielberg, a pesar de todo, cree que el sueño y la ilusión son una manera de realizar aquello que no puede existir dentro de nuestra limitada condición humana. Pero en este caso se trata de una ilusión tecno-científica, satánica, y no aquella que mira a la eternidad, al mundo celeste, a lo que los platónicos llaman mundo de las ideas y los cristianos Reino de los Cielos.

Actualmente se está fomentando el miedo a la IA en razón del daño que la IA pudiera hacernos.  Quizás, siguiendo el planteamiento de Kubrick y de Spielberg, deberíamos pensar en el daño que podríamos hacer nosotros al crear seres conscientes que vivirán en un mundo que nunca podrá corresponderles. ¿Cual, en esas dos opciones, es el mayor dolor posible que podríamos traer a la existencia?. Por tanto, estamos ante una película antiprofética, va a la contra de la actualidad, así como, en cambio, Minority Report, hace más de 20 años, pronosticó buena parte de lo que estamos viviendo a nivel de IA, control, vigilancia y redes digitales. ¿Se trataba solo de sentimientos y metáfora, o acaso Spielberg nos estaba advirtiendo de algo que ahora mismo no somos capaces de ver?. ¿Puede el ser humano en verdad crear robots dotados con la facultad de amar?