Arte, mitología, religión y magia en tiempos de apocalipsis

martes, 1 de septiembre de 2026

La prueba de los dioses

 


Al hilo de todo lo que está retornando con motivo del estreno de Masters del Universo (2026), esa obra cumbre que inspira aquello que comienza ahora, fijamos la atención en la serie animada de principios de los ochenta, Ulises 31. La fantasía permite abrir los ojos a un futuro que ya es presente, y que podemos vislumbrar con los ojos del alma. Cuando, en el caso del cine, la fantasía se asocia con la ciencia ficción, entonces la sabiduría y los arquetipos del mundo antiguo se dan la mano con la tecnología y el futuro más radiante y expansivo (expansión de la conciencia, de los límites de la existencia y de la capacidad de soñar), el cual es el objetivo final de todo proyecto político, cultural o filosófico. Ulises 31 nos dejó en su día una impronta de la que no éramos conscientes todavía, hizo que miráramos al espacio exterior como pasaje y destino en ese viaje hacia Dios y los misterios del alma humana, pues no hay nada en el alma humana que no provenga de los "dioses".  Y, vista hoy en día, sigue teniendo esa capacidad de transmitir la sensación de trascendencia, la convicción de un más allá que nos espera en algún lugar del universo.  Visionarla es, de hecho, como vivir un extraño sueño en el que se mezclan la sensación abismal que provoca la idea de un universo poblado de dioses-demonios que acosan al humano, tan insignificante y pequeño en esa inmensidad que lo acoge, por momentos se diría que es aterradora, en otros dulce y ensoñadora, con una banda sonora donde los sonidos más espirituales y clásicos se combinan con un sonido rock-metal muy de los setenta. Por si fuera poco, aquí Ulises es, efectivamente, como un Jesucristo convertido en cosmonauta, y la conclusión del viaje guarda una lección acerca del sacrificio y el espíritu abnegado: Ulises solo consigue volver a su patria cuando está dispuesto a sacrificar su libertad y su vida en favor de un colectivo, de su equipo de cosmonautas que le acompañan en la nave Odiseus. Esa era la prueba de los dioses a superar, dioses-demonios que dejan de tener poder sobre él en el momento en que se entrega al sacrificio. Es como si el panteón griego fuera vencido por ese Jesucristo cosmonauta que, a lo largo de los sucesivos episodios, va siendo tentado y probado de diversas formas hasta que en el episodio final encuentra su liberación.






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