"Harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestra tumbas" (Bava y Argento, 1985). Y es cierto, vivimos tiempos oscuros, y desde el 2020 podríamos decir que hemos vuelto a la edad media, lo cual es fortuna y no, como suele pensarse, una desgracia. Vivimos en una edad media real y mitológica, donde las pestes, las guerras, la incertidumbre, el fin del mundo y el carácter demoniaco de la realidad están mucho más presentes. Los demonios existen, y la victoria final de Dios sobre el Dragón se acerca. Esta bitácora explora, entre otros asuntos afines, la lucha contra el Dragón tal y como se ha representado en el cine y en las artes populares.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Élite de magos

 


Como rezaba el cartel de Dragones y mazmorras (2000), dirigida por Courtney Solomon, la fantasía épica medieval no es un juego, sino la dimensión mitológica de la realidad del mundo humano sometido al mal y al pecado. El contenido sociopolítico de la película es evidente: una lucha de clases entre magos y plebeyos, entre aristocracia y pueblo llano. Profion (Jeremy Irons) encarna la actitud elitista de quienes detentan el saber y el conocimiento acerca de las fuerzas de la naturaleza, es decir, los que pretenden dominar al dragon en provecho propio. Si trasladamos esto al mundo real, son aquellos magos (masonería luciferina) muy conocedores del anima mundi, que utilizan su saber para manipular a los que no tienen conocimiento de las realidades espirituales de la Naturaleza, o sea, la masa de consumidores que no tienen otro horizonte de vida que la búsqueda de dinero, reconocimiento social y placer. Los magos negros como Profion ocultan su saber precisamente para preservar el privilegio y el poder sobre los demás. La joven emperatriz que, supuestamente, sería la antagonista de Profion, pretende cambiar el sistema para que los plebeyos puedan estar en condición de igualdad respecto a la casta de magos. Pero el caso es que la emperatriz pretende competir con los magos negros utilizando la misma forma de magia: intentar dominar y controlar al dragón en provecho propio, por mucho que hable de iguadad y justicia. Profion encarna el argumento realista de que el pueblo no está preparado para recibir el conocimiento, y esa democratización de la magia traería la degeneración de esos tesoros de la sabiduría. Por su parte, la emperatriz encarna la razón idealista que cree en un mundo igualitario. Más allá de esa lucha política e ideológica, cargada de vanidad tanto de un lado como del otro, están los ladrones humildes y de buen corazón, y los elfos, que son parte de la magia (parte consciente, humilde y abnegada del anima mundi). Ellos, representación de los marginados y de las gentes sencillas que viven en íntima conexión con la Naturaleza, son los que marcan la diferencia y los que están destinados a vencer al régimen elitista de Profion*. En la secuencia más resolutiva de la película, el ladrón de buen corazón renuncia a utilizar el cetro que da poder sobre los dragones, eso que ni Profion ni la emperatriz son capaces de hacer, y decide luchar contra el mago con su propia espada. Renunciar a la vanidad de querer someter y controlar al dragón supone un acto de abnegación y humildad, es dejar que la naturaleza siga su curso, sin interferir en la vida del anima mundi. O sea, dejarlo todo en manos de Dios. Eso es vencer al dragón. 

Aunque la historia y el contenido son valiosos, la película tiene demasiadas carencias. Aquí no hay un mundo físico y real, sino escenarios de cartón-piedra, los efectos especiales pésimos, el casting horroroso a pesar de Jeremy Irons, personajes mal caracterizados y escaso desarrollo aunque los roles están bastante bien definidos y, de alguna extraña manera, la historia consigue avanzar y tener una cierta entidad, pero con demasiadas lagunas.



* Cuando decimos "en íntima relación con la Naturaleza",  normalmente pensamos en bellos paisajes de montaña, bosques o campos, gente que vive de la tierra, que abraza a los árboles o que viaja en mula, o en bicicleta como mucho. Tal vez es mejor pensarlo como vivir conforme a los ciclos de la naturaleza, en una conformidad filosófica con lo manifestado en la Naturaleza, independientemente de si se vive en el campo o en la ciudad, de si trabajas de agricultor o de oficinista. Lo importante es que la vida del alma de una persona esté en comunión con el anima mundi, sin tratar de dominarla, manipularla, intervenir en ella en provecho propio. El mago trata de operar en la Naturaleza (en las fuerzas primordiales del cosmos, en la luz astral), el elfo (el ser sencillo y esencial que vive para lo esencial de la vida) forma parte de la Naturaleza. Y Naturaleza no es solo el mundo físico, visible o medible, sino todas las formas y manifestaciones del anima mundi. El tema es que Satanás utiliza nuestra vanidad, nuestro deseo de obtener algún tipo de beneficio, para tentarnos a operar en la Naturaleza, en la luz astral, que es la parte etérica de aquella. Pactar con Satanás es una forma de "dominar al dragón", de obtener un beneficio a cambio de entregarle el alma (entregar la vida de la princesa virgen e inocente de los cuentos de hadas tradicionales). Por eso, esa no intervención abnegada y libre de todo deseo es la mejor manera de vencer al dragón.

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