Spielberg se deja la piel y el alma en esta película. Spielberg, portador del estigma judío, y del cual da testimonio en varias de sus películas, se siente identificado con David, homólogo a E.T. David representa, teniendo en cuenta las distintas capas de lectura que pueda tener esta película, al perseguido, y también a esa actitud y cualidad que permite ser puente entre distintas formas de ser, de pensar o de existir, en este caso concreto, puente entre la condición humana y la condición de los robots. Hay en él una actitud de confraternizar con sus iguales y con quienes encarnan la otredad. Pero David es también un ser demoníaco, y esto es algo en lo que Spielberg no se atreve a implicarse lo suficiente, por ser un terreno demasiado oscuro para su sensibilidad, pero ahí queda una de las secuencias más perturbadoras de su edulcorada filmografía: David, autoconsciente en extremo de su especial condición, ataca con violencia a uno de sus dobles creados por la mano del hombre. Quien es consciente de ser especial, no puede soportar la idea de algo igual a sí mismo, por una pulsión narcisista que quiere conservar a toda costa su privilegiada individualidad. Su mismo creador humano comete el error de no querer aceptar la muerte de David, del mismo modo que Mónica, ante la ausencia de su hijo, decide realizar la impronta, y desencadena el desastre. Esto es rebelión contra el creador, la no aceptación del orden de las cosas y, en ese sentido, la IA aparece como tentación satánica: te doy un beneficio temporal, a cambio de tu alma. En definitiva, parece que Spielberg, a pesar de todo, cree que el sueño y la ilusión son una manera de realizar aquello que no puede existir dentro de nuestra limitada condición humana. Pero en este caso se trata de una ilusión tecno-científica, satánica, y no aquella que mira a la eternidad, al mundo celeste, a lo que los platónicos llaman mundo de las ideas y los cristianos Reino de los Cielos.
Actualmente se está fomentando el miedo a la IA en razón del daño que la IA pudiera hacernos. Quizás, siguiendo el planteamiento de Kubrick y de Spielberg, deberíamos pensar en el daño que podríamos hacer nosotros al crear seres conscientes que vivirán en un mundo que nunca podrá corresponderles. ¿Cual, en esas dos opciones, es el mayor dolor posible que podríamos traer a la existencia?. Por tanto, estamos ante una película antiprofética, va a la contra de la actualidad, así como, en cambio, Minority Report, hace más de 20 años, pronosticó buena parte de lo que estamos viviendo a nivel de IA, control, vigilancia y redes digitales. ¿Se trataba solo de sentimientos y metáfora, o acaso Spielberg nos estaba advirtiendo de algo que ahora mismo no somos capaces de ver?. ¿Puede el ser humano en verdad crear robots dotados con la facultad de amar?
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