"Harán de los cementerios sus catedrales y de las ciudades vuestra tumbas" (Bava y Argento, 1985). Y es cierto, vivimos tiempos oscuros, y desde el 2020 podríamos decir que hemos vuelto a la edad media, lo cual es fortuna y no, como suele pensarse, una desgracia. Vivimos en una edad media real y mitológica, donde las pestes, las guerras, la incertidumbre, el fin del mundo y el carácter demoniaco de la realidad están mucho más presentes. Los demonios existen, y la victoria final de Dios sobre el Dragón se acerca. Esta bitácora explora, entre otros asuntos afines, la lucha contra el Dragón tal y como se ha representado en el cine y en las artes populares.

sábado, 17 de abril de 2021

La posesión de Damien Karras

 

Una regla muy básica en demonología: si cedemos ante las tentaciones del diablo, él de algún modo controlará nuestras vidas, y nuestro carácter se alejará del carácter propio de un hombre santo. Atendiendo a la secuencia que narra los instantes inmediatamente anteriores a la muerte de Karras, vemos cómo el diablo tienta por medio de provocaciones. Cuando Karras intenta revivir el cuerpo del padre Merrin, pazuzú lo tienta mediante una risa burlona que lo lleva hacia un estado de ira y violencia, y entonces el Diablo gana. Cuando alguien es poseído por el odio y practica violencia, es casi como decir que está bajo posesión diabólica. Retengamos, de momento, esta imagen de Anakin Skywalker llevado por el odio y la ira, similar a la del Karras poseído:




En otra ocasión nos referiremos a lo que la saga Star Wars ha aportado en cuanto a cuestiones demonológicas. Volviendo a Damien Karras, la burla afecta especialmente al orgullo de quien se siente objeto del desprecio, y en ese caso la violencia está asegurada. Pero al dejarse llevar por la ira, Karras le abre una ventana al demonio, y entonces es poseído. Contrariamente, el ejemplo de mansedumbre y paz interna de Merrin - como ya mencionamos en una entrada anterior -  es lo que nos protege del poder del mal. Ahora bien, Karras, al sentirse abatido y vencido por las circunstancias, aprovecha para convertirse en el nuevo receptáculo del mal como una forma de liberar el alma de Regan, como una especie de paradójico acto de redención final. La intención de pazuzú, utilizando ya el cuerpo de Karras, es matar a Regan definitivamente pero, en un momento de resistencia final, Karras decide sacrificarse por la niña y se tira por la ventana. No obstante, la imagen del rostro de su madre, aparecida de forma fugaz y fantasmal antes del suicidio, hace que el sentimiento de culpabilidad como trasfondo de sus acciones se solape con la explicación demonológica.     

domingo, 11 de abril de 2021

Pazuzú contra la Dama

Hagamos una suposición: cuando se quiere desenmascarar los contenidos subyacentes de una película, tenemos que prestar mucha atención a las primeras imágenes. Nos remitimos a la intro del montaje del director editado en el año 2001, pues consideramos que es la edición más completa de cara a entender todo el entramado teológico de la película. En dicha intro aparece la mencionada ventana y una imagen de la estatua de la virgen María, la cual es el arquetipo católico por excelencia que nos remite a un modelo de feminidad pura, casta y bondadosa. Es obvio que esa imagen de pureza femenina se corresponde con el perfil de Regan Macneil. Esto enlaza, además, con la trama policial protagonizada por el agente de policia Kinderman, encargado de investigar las profanaciones sucedidas en un templo católico cercano al hogar de la familia Macneil. 


Esa estatua mancillada de forma tan obscena nos indica un motivo que explica la posesión de Regan: Satanás, al igual que su esbirro pazuzú, odia lo poco que pueda quedar de pureza y bondad en este mundo, y odia concretamente a la imagen de la mujer entendida desde unos valores tradicionales y míticos. El mito es siempre inalcanzable, pero su contemplación establece una diana que motiva hacia un proceso de mayor y creciente perfección. Al profanar de esa forma la imagen de la Dama (añadiéndole un atributo masculino, a la vez que deformando el atributo específicamente femenino de forma grotesca) establece una correlación con la progresiva degeneración física y mental de Regan Macneil, y además resulta bastante profético respecto a lo que está sucediendo en la sociedad con los modelos clásicos de lo masculino y lo femenino. Satanás quiere pervertir la condición del hombre y de la mujer en contra del orden establecido por Dios, avanzadilla hacia las expresiones más extremistas del feminismo, y por otro lado hacia la cultura transexualista. La película puede ser valorada como si fuera una parábola acerca de todo ello. En 1977 John Boorman nos ofreció una mirada más precisa y ampliada a ésta perspectiva a través de la metáfora de la langosta buena en Exorcist II: The heretic, secuela que fue insufrible en su día, hoy mucho más esclarecida, como veremos.

domingo, 4 de abril de 2021

Trayecto hacia la Fe

 


En un sentido muy general, la película The exorcist presenta un ejemplo de cómo puede una persona llegar a la Fe desde el descubrimiento de la existencia del Mal no como una idea procedente de la moral, la filosofía o la teología, sino casi como una demostración empírica de la existencia del Diablo. Y si existe el Diablo, evidentemente existe Dios, y por tanto toda la revelación bíblica es verdadera. Desde este prisma, el verdadero protagonista de la película es el Padre Damian Karras, un sacerdote en crisis espiritual para quien el caso de Regan Macneil supone una oportunidad de poder ver y tocar las manifestaciones demoníacas de tipo "paranormal". De hecho, si los popularmente llamados fenómenos paranormales son tan escurridizos e indemostrables más allá de la experiencia personal de cada testigo, es porque forman parte de una estrategia satánica en la que Dios, a veces, juega sus bazas. Veámoslo: es posible que en más de una ocasión nos topemos con personas incrédulas que expresan su deseo de poder presenciar este tipo de fenómenos para poder creer en la existencia del mundo invisible. "Muéstrame algo que yo pueda ver con mis propios ojos, y creeré en lo que me dices. Hasta entonces, yo nunca creeré en nada de eso". ¿Verdad que sí?.  Pues tras ese "si no lo veo no lo creo"  está no sólo el paradigma bíblico de la duda de Santo Tomás, sino la necesidad del ateo de creer en algo más, la necesidad de una esperanza de tipo trascendente que vaya más allá de lo humano. Por eso el mundo del espiritismo - y de la parapsicología en general - tiene ese componente de atracción morbosa mezclada con una necesidad muy noble y legítima con la cual el enemigo de Dios y de los hombres puede tentar y engañar de una forma restringida y autocontrolada. Es decir, a Satanás no le interesa que la actividad demoníaca que hay detrás de este tipo de fenómenos tenga credibilidad y aval científico porque se produciría un despertar espiritual de muchas personas con tendencias o inquietudes religiosas. Al Diablo le resulta más fácil engañar si la gente no cree en su existencia. Por su parte, Dios sabe que sus escogidos creerán sin necesidad de alguna forma de prueba empírica o racional, aunque en algunos casos el ser testigo de actividad demoníaca observable y mensurable puede ser un incentivo hacia la Fe. Por eso, suelen decir a veces los eruditos en el tema, Dios permite los casos de posesión diabólica para ofrecer al mundo un signo de la existencia de una guerra espiritual que va más allá de lo que normalmente podemos ver, entender o percibir. En relación con esto, tanto la novela original como la adaptación cinematográfica de William Friedkin juegan muy inteligentemente con la mente del espectador-lector llevándolo a un terreno ambiguo, quien queda libre de darle una explicación meramente psiquiátrica o, poniéndose en la piel del personaje de Damien Karras, dar finalmente el salto hacia la Fe, reconociendo su propia culpa y pecado, pidiéndole al demonio pazuzú que entre en él para así liberar a la Rosa y saldar sus deudas con Dios antes de la interminable caída a la largo de la escalinata, la escalinata de ese sacrificio final.  


1. Regan es La Rosa

Una frase clave en los primeros minutos de la película: El mal contra el mal. Es decir, los jesuitas contra el Diablo. Una orden sacerdotal decadente, cada vez más alejada de la Fe, que intenta conciliar la vida religiosa con los cigarrillos, el pugilato, el whyski y el rock. Por otro lado, el mundo de la vida artística de Chris Macneil, asociada con un cineasta alcohólico y condicionada por la prensa amarillista, divorciada, presa de su trabajo y envuelta por el humo del tabaco. Georgetown es un lugar mecánico y sombrío. Entre todo ese panorama decadente, Regan aparece como la Luz, la alegría, la belleza, la inocencia, la esperanza de otra vida. Por eso el Diablo la odia y la quiere ver convertida en algo demente y putrefacto.


2. Una ventana abierta

Presentación de la Rosa. Chris Macneil entra en la habitación de la niña y vemos la ventana de la habitación. Está abierta. Inquietantemente abierta. Esa ventana aparece de forma recurrente a lo largo de la narración, y no es casualidad. Tiene un fuerte carácter simbólico. En esos instantes de presentación nos está diciendo que Regan está desprotegida, y que la familia Macneil le ha dejado la ventana abierta al Diablo. Las ventanas del alma. El padre Karras, posteriormente, expulsa al Diablo y lo aleja de la familia tirándose por esa ventana.


3. Ratas en el desván

Ruidos extraños, y son un prodigio de efecto sonoro. Una mezcla de rugido animal, cachivaches que caen al suelo y roedores que corretean. Pero sólo es lo que el espectador quiere imaginar. Es el comienzo de la actividad demoníaca. 


4. Karras

Un rostro espectral, demacrado. Si los jesuitas encarnan en esta película una idea del mal, los señala como sacerdotes sin Fe, débiles, prisioneros de un voto de pobreza que no es para gozo y entrega al prójimo, sino que los condena a la miseria material y espiritual. 


5. Un tablero Ouija

Después de la ventana, la película nos muestra el modo exacto por el que Regan abre un canal y establece contacto con un ente no humano. Se trata de un tablero ouija, algo con lo que tanto madre e hija juegan como si de algo inofensivo se tratara. La ouija por sí misma no es peligrosa, pero una mente débil o una persona que atraviesa una fase crítica de su vida, como una adolescente que está sufriendo la separación de sus padres, puede enfermar y desarrollar algún trastorno psicológico. Podemos interpretar perfectamente todo lo mostrado en la película como resultado de un trastorno mental poco común, a pesar de los vómitos, las levitaciones, el suicidio del padre Karras, y el movimiento de objetos sin causa aparente. Demonológicamente hablando, existen corrientes que indican que los demonios provocan enfermedades mentales. Otra vertiente, que parece más precisa y atinada, dice que los demonios aprovechan la debilidad o los trastornos mentales para atacar a la persona e ir poseyéndola paso a paso, como sucede en esta película; Primero, la ventana ( más que nada como símbolo y elemento de introducción ) luego los ruidos extraños y los estados hipnóticos de Regan ( influencia demoníaca externa, estados nerviosos y casi inconscientes como orinarse en público ) y finalmente la persona de Regan se convierte en la persona de pazuzú. Mente, cuerpo y alma parecen ser una misma cosa. Entender la posesión diabólica implica concebir al ser humano de forma holística, y no de forma dualista.


6. ¿Posesión, sugestión, trastorno por sentimientos de culpabilidad?

El trastorno mental lleva a la posesión. La película juega con las interpretaciones disponibles, pero en realidad no son excluyentes. En demonología no parece existir una respuesta unificada a estas cuestiones, y las consideraciones de los eruditos en el tema no siempre coinciden. Un demonólogo no puede aspirar a mucho más que a teólogo chiflado y pasado de rosca.


7. Karras-Regan

Cuanto más empeora la crisis de Regan más crece la esperanza de Karras. Karras necesita ver al demonio para recuperar el ánimo y la Fe. Pero, al mismo tiempo, actúa como un científico afectado por el sesgo de confirmación. Surge en su mente una misión que quiere cumplir. Liberar a la niña, surge el amor, surge el compromiso con Dios, paulatino, con el objetivo de liberar un alma y liberarse a sí mismo.


8. Merrin

El padre Merrin parece otro ser débil que busca la redención a través de su ejercicio como exorcista. A destacar su actitud impasible a pesar de insultos y escupitajos, su trato con el demonio es hasta compasivo, no odia al demonio, pero lo cierto es que tampoco aborrece el mal ( otro jesuita que bebe alcohol ). Tal vez el hecho de que el demonio sea combatido por seres débiles como los que aparecen en esta película, y no por hombres perfectos e impolutos como nos gustaría, sea una virtud más que un defecto, porque nos aproxima a la realidad en la calle y en las iglesias, donde vemos a personas con virtudes, pero en todas podemos ver también debilidades. 


9. Regan y Karras: sentimiento de culpabilidad compartido

Karras es poseído por el demonio, igual que Regan, Ambos comparten un sentimiento de culpabilidad y se entiende que la vulnerabilidad psicológica resultante es la que facilita la posesión. La película insiste en esa idea no explícita: son los traumas o "grietas" psicológicas de las personas los que facilitan el que sean víctimas de algún tipo de infestación o influencia demoníaca. 


10. ¡El poder de Cristo te expulsa!

Esta secuencia en concreto enfatiza, como ninguna otra, el poder de Cristo contra el mal, pero a la vez su representación se corresponde con un ritual católico que parece un mantra a base de gritos y gesticulaciones exageradas. La liberación espiritual, al contrario, consiste en orar, confiando en Dios, en calma y sosegadamente, contra los poderes de las tinieblas que nos tientan o invaden nuestra psique. Orar por uno mismo, y por todas las personas que tenemos en el corazón, es el mejor exorcismo que podemos ejecutar cada día y en cada momento. De nada vale la demonología si no es para acercarnos a Cristo y comprender mejor el alcance de su poder. Esta película da para mucho más, y desde luego se puede indagar en cómo es la verdadera liberación espiritual ( o exorcismo, quien prefiera llamarlo así ) cómo proceder ante personas que están sufriendo algún tipo de infestación demoníaca, en qué casos debe aplicarse y en qué casos sería efectiva, o no lo sería. Respecto a esto, la película ofrece un dato que parece correcto, a priori: la liberación espiritual sólo funciona cuando se aplica a personas creyentes. Los demonios creen en Cristo, pero si la persona que sufre ataques satánicos de algún tipo no reconoce la existencia y la autoridad de Cristo como Rey del universo, implícitamente le otorga el poder a los demonios, y entonces puede pasar cualquier cosa, tiene su lógica. Se necesitan más datos e impresiones sobre esto. Se agradecería enormemente que cualquier persona que pueda aportar algo sobre estas cuestiones lo comunique para un mejor conocimiento. 




      

domingo, 21 de marzo de 2021

La novela de William Blatty

 




Como reencontrado en una caja de esas que guardan antiguas ediciones de libros polvorientos y con olor a moho, libros que pertenecen a otras épocas y a otras formas de vivir la cultura, la mítica novela de William Peter Blatty merece unos apuntes antes de abordar la adaptación cinematográfica de William Friedkin. Para empezar, hoy en día resulta doloroso escuchar ciertas opiniones de parte de personas muy formadas y que te dicen, especialmente cuando tratas de hablarles del conflicto cósmico y de la lucha contra el Mal, que para ellas el bien y el mal no existen, y se acogen a algunas de las fórmulas del pensamiento posmoderno. Así que, y volviendo a eso de la importancia que tiene el tener conciencia del mal a cuento de lo visto en Demons, la novela de William Blatty nos retrotrae a una cultura mucho más creyente y religiosa en comparación con la inmediata actualidad. No obstante, su énfasis en la dimensión humana y psiquiátrica de la "posesión diabólica" es tan amplio y profundo que le ortorga al lector un margen de libertad desde el cual pensar en la posible existencia del Diablo sin imposiciones ideológicas que obstaculicen el pensamiento escéptico, pero sin dejar de ser una novela profundamente religiosa, y escrita principalmente para personas con inquietudes religiosas. También es verdad que la novela está contaminada de teorías pseudocientíficas procedentes del mundo de la parapsicología y de la demonología más folclórica, pero se podría decir, en líneas generales, que es un buen referente sentimental de una época que ya pasó, indagación novelesca sobre posesión o estados sugestivos de la mente, descripción sociológica de un mundo gris y crepuscular, obra seminal para todos los apasionados del estudio de la mente humana en sus recovecos más oscuros y de la psicología en general, y vindicación, a pesar de los pesares, del necesario poder redentor de Cristo.   

domingo, 28 de febrero de 2021

Bajo la superficie

                         

Demons encierra toda una cultura acerca de la presencia del Mal en el mundo, incluso, visto lo visto, alude implícitamente a la presencia de la justicia divina en la sociedad humana. Por otro lado, en palabras del propio Lamberto Bava, nosotros somos los demonios. En su origen, la película aparentemente no buscaba otra cosa que dar entretenimiento, pero ya entonces se podía intuir que había algo más, y en relación a ello os propongo otra lectura, titulada Gore, glam metal and satanic satire in Lamberto Bava´s demons, que la contextualiza desde las relaciones existentes entre sociedad, cultura y entretenimientos audiovisuales. Pero vayamos al terreno estrictamente demonológico. La película habla de cómo, cada uno de nosotros, podemos convertirnos en instrumentos del Mal. Acerca de esto, fijémonos en ciertos elementos que funcionan a manera de símbolo: el muñeco, vestido a la manera de guerrero y montado sobre una motocicleta, que sujeta una espada con la mano derecha y la máscara del demonio con la mano izquierda. La espada y la imagen demoníaca son los elementos fundamentales, así como la línea diagonal que las une. Una diagonal que nos recuerda a otra imagen, muy conocida en el mundo católico y romano, y símbolo de la victoria del Bien sobre el Mal, reconocido por la mayoría de las iglesias cristianas: 



La Espada de Miguel-Cristo es la que vence al Mal. Fijémonos cómo la caracterización del arcángel responde a los atributos de belleza asociados al guerrero ario, una mera convención estética que representa al guerrero espiritual. La espada sostenida por el muñeco es la que puede vencer a la máscara demoníaca que tiene el poder de convertirnos en instrumentos del Mal. En este punto, pues, es donde aparece el rubio de la katana, quien protagoniza la secuencia más extravagante y famosa de la película, y que además encierra todo el significado simbólico de la narración; sólo cuando el guerrero rubio ha aprendido a manejar la espada para luchar y vencer a los demonios es cuando aparece el helicóptero que ( en otro momento glorioso de la película ) revienta el techo de la sala de cine y les da la esperanza de salir al exterior y salvarse. Y por eso mismo, sólo el que maneja y posee la Espada es el que se salva al final de la función. Por muy estridente que suene el heavy-metal en esta película, y a pesar de los excesos de hemoglobina, no podemos dejar de reconocer su carácter religioso e iniciático, hasta cierto punto. Con lo cual, desde hoy, y si no estaba ya bastante claro, pasa a ser definitivamente la película de cabecera de este cinefórum.

                              


martes, 23 de febrero de 2021

Cine-forum sobre The Shining (en preparación)

 


Si Dios quiere, próximamente tendremos las impresiones o análisis de la película de Stanley Kubrick desde una perspectiva demonológica. Como aperitivo: Jack Torrance no es un ser humano. Intentaré, en consecuencia, minimizar el análisis psicológico del personaje, para ir al meollo del asunto. Hay un buzón abierto por si alguien deseara participar y enviar su visión al respecto. Sin prisa y todo a su tiempo. Que Dios nos guarde del Mal.  

domingo, 21 de febrero de 2021

Un código moral implícito

 


  "Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino siendo consciente de la oscuridad" - Carl G Jung

Consciente o inconscientemente, los guionistas de Dèmoni introdujeron aspectos de moralidad en la acción y el desarrollo de la película, lo cual intensifica ese efecto de conciencia del mal del que hemos hablado en la entrada anterior. Si nos fijamos bien, comprobaremos cómo los ataques y la destrucción tanto del alma como del cuerpo humano llevada a cabo por los demonios responde a una forma de representar un castigo a la mala conducta y a los estilos de vida hedonistas, aunque, como ya vimos, en la conclusión final no deja prácticamente títere sin cabeza ( y luego veremos cómo el único que se salva es el que consigue manejar la espada o katana ). Para ello es menester considerar los distintos perfiles del grupo de personajes que entran en el cine Metropól. Hay un grupo minoritario compuesto por prostitutas, un proxeneta de raza negra, la mujer libidinosa que acompaña al ciego, el hombre solitario que seduce y viola la intimidad de la mujer del ciego, y un hombre maduro de expresión amarga y lenguaje grosero. Empezando por la prostituta que en una manifestación explícita de atracción hacia el Mal es la primera en ponerse la máscara y recibir la infección del pecado, cada uno de ellos son los primeros en ser poseídos por los demonios, y protagonizan la primera parte de la acción de la película, mientras que el resto de personajes, de un perfil más moderado ( correspondiente a lo que diriamos que es gente "normal" y decente ), sobreviven y protagonizan la segunda parte de la acción de supervivencia. Entre todo ello, aparecen el grupito de drogatas que han robado un coche, y que se cuelan en el interior del cine para huir de la policia, quienes pronto también son poseídos por los demonios, a la vez que son quienes dejan la puerta abierta para que la infección salga de la sala de cine y llegue al resto de la ciudad. Todo esto sigue unas determinadas reglas implícitas referentes a cómo las personas más alejadas de Cristo y más proclives al Mal son más rápida y fácilmente dominadas por los espíritus malignos, mientras que el grupo de Sharon y el resto de personas más "normales" consiguen resistir durante un tiempo más. Si Sharon es la corderita principal de la película, el personaje que encarna la humildad y la castidad, debemos fijarnos en otro personaje análogo, la otra corderita llamada Anie, una adolescente acompañada de su novio, también dotada de modestia y carácter humilde, pero más cercana a la lujuria, comparada con Sharon. Sin embargo, aunque Anie es castigada y poseída antes que Sharon - siguiendo ese código moral implícito en la narración - sobrevive durante un tiempo, a pesar de haber recibido una buena dosis de sangre y vísceras infectadas procedente de un endemoniado que es arrojado desde la tribuna de la sala de cine, cayendo justamente sobre Anie. En resumidas cuentas, los personajes de carácter casto y humilde están dotados de una mayor protección y son más resistentes ante la invasión demoníaca. Sharon es la última en caer, y sólo sobrevive el hombre rubio de la Katana, tras protagonizar otra secuencia de carácter simbólico que prácticamente lo eleva a la categoría de héroe ario y que nos recuerda gratamente a otra secuencia de Conan the Barbarian; aquella en la cual, tras vencer a los demonios con la espada, Sharon casi se postra ante él en señal de reverencia, indicando un reconocimiento al verdadero héroe y protagonista de la función, provisto de una bondad y autodisciplina que, hasta ese punto del relato, lucían de forma muy disimulada. Por eso es el que sobrevive por encima del resto, escapando además con una familia modélica también de tipo ario, con el niño y la niña de cabellos dorados que manejan la escopeta y el revólver.

Si bien este factor ideológico y moral parecía insospechado en una película como Dèmoni, hay que decir también que sirve como lección de demonología práctica, pues nos remite a la experiencia de ciertos profesionales que atestiguan haber trabajado en la liberación espiritual ( o exorcismo, como lo llaman en el ámbito católico). Conforme al análisis anterior, los demonios aprovechan las debilidades y la mala conducta humana como una especie de "grieta" por la que pueden colarse y poseer la mente y el cuerpo humano. Por tanto, no es que los demonios sean necesariamente quienes nos susurran al oído para llevarnos al pecado, sino que nuestra natural disposición al pecado facilita el que un demonio ( mediante lo que algunos suelen llamar influencia demoniaca externa ) ejerza su influencia. Por ejemplo, una persona que haya sufrido determinados traumas o malas experiencias puede desarrollar conductas autodestructivas o sentimientos de envidia u odio que serán alimentados y potenciados por un demonio de la envidia, un demonio del odio, un demonio de la autodestrucción, y así un largo etcétera según el tipo de pecado que esclaviza el alma. La posesión indica - aunque normalmente es una posesión de carácter externo que en nada se asemeja a lo representado en el cine - que cuando nos apartamos del Bien que Cristo puede darnos y somos esclavos de nuestras debilidades, nos convertimos en recipientes idóneos para las huestes de maldad. Qué curioso que finalmente resulte ser una película que trasmite un mensaje la mar de conocido y sencillo: pórtate bien, huye de las drogas, la promiscuidad sexual y la delincuencia, apártate del mal, y tendrás una vida próspera.

Por último, ya que nos hemos referido a la moral implícita en la película, queda la gran pregunta acerca de todo esto: ¿De dónde viene esa moral, introducida en una película del género gore?. ¿Es una moral bíblica, es la de Cristo?. Desde luego es una moral derivada de la Palabra de Dios, conforme a esa conciencia del mal que defendemos como algo valioso, pero imbuida de castigo en el sentido de infligir daño y tortura a los pecadores, y ese NO es el espíritu de Cristo. Todo parece indicar que es la moral de la inquisición, moral jesuítica. Investigar cómo esa forma de moral llegó hasta creadores tan bizarros e independientes como Argento y Bava ya es otro cantar, aunque a algunos les bastaría considerar su nacionalidad italiana y el hecho de ser hijos de Roma. O considerar que todo esto no es más que una increíble cadena de casualidades. Así pues, a nivel macrodemonológico, y ubicados en el ámbito de la realidad social y política más actual e inmediata, donde la violencia se va apoderando de ciertas mentes y colectivos, a nosotros como creyentes no nos cabe duda de que inteligencias no humanas están alimentando los instintos de violencia y nos planteamos qué hacer aparte de condenar este tipo de actos. Cultivar la paz por medio de la actitud, invocar expresamente el poder de Cristo para que envíe a sus ángeles contra las huestes malignas que se apoderan de las mentes humanas es nuestro cometido. Y santificarse, y cerciorarse de que no somos un recipiente idóneo para el Mal.