Atendiendo a las temáticas que se abordan en esta bitácora, Robert Eggers es un cineasta al que hay que vigilar muy de cerca, tanto por lo que ya tiene hecho como lo por venir (y lo por venir es, según los últimos rumores, apabullante y esperanzador. ¿Podría llegar a ser una especie de Kubrick/Spielberg del alma folk europea?). Hagamos ahora algunos apuntes sobre La Bruja (2015), el que fue su primer largometraje. La película tiene un mensaje que se presta a generar polémicas, concretamente en el mundo de las iglesias cristianas. No es una película anticristiana, pero sí es una película contra cierta idea del fanatismo cristiano: los cristianos que ponen el foco de su fe y de la doctrina en la que creen en el poder que el pecado y Satanás tienen en sus vidas acaban autodestruyéndose. En la propuesta de Eggers, nos muestra como los miembros principales de una familia cristiana pretendidamente piadosa acaban practicando alguna forma de satanismo, unos en forma de codicia, otros en egolatría, en posesión diabólica, en disimulada lascivia, arrastrados por la locura y la sangre, y en el caso especial de la joven protagonista, debido al fracaso de su fanático padre en la administración de un culto familiar, lo cual la ha alejado de Dios, encuentra su "liberación" en el aquelarre de las brujas. Si sobredimensionamos el poder que Satanás tiene en este mundo, estaremos bajo su poder. Si vindicamos el poder de Dios y el triunfo de Cristo en la cruz, seremos santificados. Si somos capaces de presentar el poder liberador de Cristo, las personas se entregarán a él. Si tergiversamos el carácter y el poder de Dios, la gente se entregará a prácticas satánicas.
La bruja a la cual se refiere el título es la joven protagonista que sufre un paulatino acercamiento a Satanás, hasta su consumación en el aquelarre. La primera imagen de la película es su rostro inocente, vaticinio de lo que se nos va a narrar con solvencia, igualmente en todos los apartados técnicos y visuales, a destacar los rasgos tenebristas de la fotografía, con un elenco interpretativo que oscila entre la perfección y lo sobreactuado, según se mire. Quizás, pensando en ese desarrollo o exposición de una familia que, creyéndose piadosa, acaba evidenciando que en realidad estaba bajo el poder de Satanás, resulte demasiado esquemática o descriptiva, sin ir más allá de una exposición coherente de ideas a través de motivos muy reconocibles, y atmósferas muy medievales, aunque aquí estamos en la Nueva Inglaterra del siglo XVII.
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